Aunque
mi padrino me diga que las hormigas se guardan cuando llega el invierno me
animo a escribir con la motivación de una hormiguita obrera que este fin de
semana estuvo con su colonia. Como les contaba el fin de semana recién pasado
estuvimos con mi esposa en los primeros votos de castidad, pobreza y
obediencia de una querida amiga en la
parroquia Damián de Molokai que se ubica
en la populosa comuna de San Joaquín y como me pasa habitualmente al termino de
la celebración llegaron con rapidez los abrazos, los palmetazos en la espalda,
los besos y las palabras de profunda emoción que se generan espontáneamente en
la familia SSCC.
Me encanta prestar mucha atención en
las celebraciones especiales de mi “iglesia unida” por que se regalan frases
para guardar en un pañuelo y ser usadas en algún momento importante de: comunidad fraterna,
conversa postraumática o que se yo, cuando sea necesario, y básicamente este
fin de semana me guarde una que indico el Padre provincial de los SSCC: “Solo basta con uno” haciendo franca
alusión a que solo basta con una persona que se enamore, que se apasioné, que
se convierta hacia una búsqueda para que a su alrededor se comience a sembrar
la Buena Noticia, o sea que se entienda la vida con un prisma de claridad que
mucha falta nos hace sobre todo al final del día. Gracias a Graciela (la nueva hermanita) esta
afirmación se hace verbo, aunque irremediablemente tenga que seguir luchando
con “el innombrable”, aquel que será persistente a la hora de buscar una cita a
la hora de la once o escudriñar en su oración antes de dormir. Sería
muy estrecho de mente el pensar en que estas personas apasionadas se encuentran
solo en el ambiente católico ya que bastaría con que cada uno de nosotros
miremos para el lado y abramos los ojos, el corazón o lo que quieran. En verdad
lo importante es encontrar a esta persona diferente y especial, ahora bien si
no ven a nadie es porque sin dudarlo “el innombrable” anda haciendo de las
suyas y muy cerca.
Jesús, la luz del
mundo
12Jesús se dirigió otra vez a la gente,
diciendo:
—Yo soy
la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará
en la oscuridad.
13Los fariseos le dijeron:
—Tú estás
dando testimonio a favor tuyo: ese testimonio no tiene valor.
14Jesús les contestó:
—Mi
testimonio sí tiene valor, aunque lo dé yo mismo a mi favor. Pues yo sé de
dónde vine y a dónde voy; en cambio, ustedes no lo saben. 15Ustedes
juzgan según los criterios humanos. Yo no juzgo a nadie; 16pero si
juzgo, mi juicio está de acuerdo con la verdad, porque no juzgo yo solo, sino
que el Padre que me envió juzga conmigo. 17En la ley de ustedes está
escrito que cuando dos testigos dicen lo mismo, su testimonio tiene valor.
18Pues bien, yo mismo soy un testigo a mi favor, y el Padre que me envió
es el otro testigo.
19Le preguntaron:
—¿Dónde
está tu padre?
Jesús les
contestó:
—Ustedes
no me conocen a mí, ni tampoco a mi Padre; si me conocieran a mí, también
conocerían a mi Padre.
20Jesús dijo estas cosas
mientras enseñaba en el templo, en el lugar donde estaban los cofres de las
ofrendas. Pero nadie lo arrestó, porque todavía no había llegado su hora.
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